Ayer, día 9 de mayo de 2013 a la edad de 80, dijo adiós a este mundo otro de nuestros más grandes actores: Alfredo Landa.
Comenzó, como muchos otros de su generación, en el teatro; participó en algunas de nuestras mejores películas ("Atraco a las tres", "El crack", "Los santos inocentes", "El bosque animado"); y hasta dio nombre a un género con su apellido en los años setenta: el landismo, del que servidor guarda muy gratos recuerdos pese al maltrato de la crítica ("Cateto a babor" era una de mis favoritas de aquella época).
Se le daba muy bien preparar dry martinis, era un gran jugador de mus y traslucía una fuerza y un carácter en pantalla que hacía temblar al más pintao que se le pusiera delante. Menudo brío tenía el navarro.
Me habría gustado dedicarle algo más sentido pero no me fluyen las palabras y no quisiera forzarlo. Sirva este pequeño puñado de letras a modo de humilde homenaje.
Descanse en paz, crack. Va por ti la copa de esta noche.
Que si el panorama cinematográfico español está muy mal, que si no levantamos cabeza, que si patatín que si patatán... Hace aproximadamente un mes no dejó el gran Manuel Alexandre, uno de los mejores secundarios que dio nuestro cine. Hoy se nos ha ido Berlanga. Señores, ahora sí que podemos afirmar con rotundidad que el cine español ha muerto. Y ha muerto de viejo, poco a poco y sin nombrar sucesores.
Si a una mesa de cuatro patas le quitamos una, perderá estabilidad pero aún podrá sostenerse. Si le quitamos dos, es muy probable que se venga abajo. Imagínense lo que sucede cuando al cine español, para el caso nuestra mesa, le quitamos no una ni dos, sino sus cuatro patas sostenedoras, los cuatro pilares básicos, esto es: "El Verdugo", "¡Bienvenido, Mister Marshall!", "Plácido" y "Calabuch"... Pues nos quedamos sin cine, sin mesa y sin nada. Claro que, esto no es más que una opinión. Mi opinión. Y en caliente.
Afortunadamente, su obra quedó grabada, grabada en imágenes para la posteridad. Alexandre y Berlanga, descansen en paz, maestros.
Resulta curioso que una de las mejores películas del cine español de todos los tiempos sea una coproducción entre España, Suiza y Alemania, que su director sea húngaro y que tenga un reparto casi foráneo en su totalidad. Más allá de averiguaciones sobre su nacionalidad, lo importante es que este film logra transmitir grandes emociones. Primero la impotencia. La impotencia que sentiría cualquier persona inocente al verse en el pellejo de ese pobre vendedor ambulante al que señalan injustamente como el culpable de un atroz asesinato, el asesinato de una niña. Y después la inquietud. Inquietud porque el despiadado asesino aún anda suelto y ya le ha echado el ojo a otra.
Sobriedad de estilo, gran manejo del suspense y una muy buena interpretación por parte de su actor principal, el alemán Heinz Rühmann, son algunas de sus mejores bazas desde el punto de vista formal. En cuanto a la historia, y aunque en la película no se cuestiona, siempre me llamó la atención el método empleado por su protagonista para dar caza al asesino. ¿Creen que el fin justifica los medios?, ¿dónde está el límite de lo prudente en una investigación criminal? La disyuntiva moral estaría servida.
El título que le pusimos aquí en España, El Cebo, estaría muy bien elegido si de resumir la película en una sola palabra se tratara. Lo que sucede es que nos da demasiada información: ¡desvela el plan del comisario para atrapar al asesino! Yo habría preferido la traducción del título original, que venía a decir algo así como "Sucedió a plena luz del día"... Y es que, a pesar de ser ésta una película bastante negra es, al mismo tiempo, muy clara y diáfana, muy luminosa. Quizá sea esa una de las diferencias más apreciables que surgen al compararla con el film noir americano: su gran luminosidad en contraste con la negrura y sombras de aquél. Aquí todo sucede a las claras del día.
Por cierto, me encanta el cartel de la película. Ese enigmático dibujo de la maltrecha niña es fascinante; tiene algo misterioso, trágico, que te impide despegar la mirada del trozo de papel.
Y para los que aún no la hayan visto aquí tienen el tráiler:
Su banda sonora, obra del compositor italiano Bruno Canfora, es ya todo un clásico del suspense.
Esta mañana, y a escasos meses de cumplir 82 años de edad, Antonio Ozores ha dicho irremediablemente adiós a este mundo. Nacido en el seno de una gran familia de actores, no tardaría en especializarse en la comedia, género que le reportaría sus mayores éxitos y reconocimiento. A sus espaldas, más de 160 películas y 210 obras de teatro, así como innumerables apariciones en el medio televisivo. El mejor premio que jamás recibió, en sus propias palabras, el inmenso cariño del público. Aquí un servidor siempre lo recordará, entre otras cosas, por ese característico balbuceo ininteligible que tantas risas desgranaría en mi niñez. La facilidad para transmutar un semblante alegre en el más serio de los rictus era otra de sus entrañables señas de identidad. Antonio Ozores, descanse en paz.
Después de mucho meditar, y como lo prometido es deuda, he aquí la anunciada lista de mis diez películas favoritas del cine español a fecha de hoy. Lógicamente, esto no es algo inamovible. Probablemente, dentro de unos meses la lista sería ligeramente distinta dependiendo de mi estado de ánimo. Y no lo digo porque títulos actuales vayan a desbancar a ninguna de éstas (se me antoja difícil), sino porque existen muchos otros clásicos de enorme calidad que no pudieron entrar... Las presento ordenadas según su fecha de realización, no por orden de preferencia (entrar ya en esas disyuntivas sería algo completamente descabellado, tarea imposible para mí):
¡Bienvenido, Mister Marshall! (Luis García Berlanga, 1953)
Calle Mayor (Juan Antonio Bardem, 1956)
El Cebo (Ladislao Vajda, 1958)
Plácido (Luis García Berlanga, 1961)
Viridiana (Luis Buñuel, 1961)
Atraco a las Tres (José María Forqué, 1962)
El Verdugo (Luis García Berlanga, 1963)
El Mundo Sigue (Fernando Fernán-Gómez, 1963)
El Extraño Viaje (Fernando Fernán-Gómez, 1964)
Los Santos Inocentes (Mario Camus, 1984)
Se me hace muy duro tener que dejar fuera tantos y tantos buenos títulos (y es que diez no dan para mucho) aunque, como de seleccionar se trataba, pues eso, que hice una gran criba con todo el pesar mi corazón y éstas fueron las únicas supervivientes, las elegidas, las que me llevaría a una isla desierta.
Por cierto, sé que algunas son coproducciones entre varios países, pero bueno, tampoco es plan de ponerse quisquilloso con estas nimiedades. Os rogaría, eso sí, tuviéseis a bien subrayar posibles ausencias o descartes. En esta entrada más que nunca, me interesa, y mucho, vuestra soberana opinión.
Me dolió dejar fuera títulos como: "El Espíritu de la Colmena", "Calabuch", "El Pisito", "El Cochecito", "Muerte de un Ciclista", "El Nido", "La Caza", "Furtivos", "El Crack", "El Bosque Animado", "Amanece, que no es poco", "La Gran Familia"... Y es que fue tal la grandeza del cine español...
Manolito Gafotas es para mí una de las pocas, poquísimas comedias españolas de los últimos tiempos, que ha conseguido hacerme pasar un rato más que agradable y divertido frente a la pantalla, a través del sencillo humor con que se narran las escenas cotidianas que viven sus personajes. Retrato de una familia humilde de un barrio obrero madrileño, con sus apuros, sus miserias, sus desgracias, pero también con sus pequeñas alegrías, su capacidad para sobrevivir ante tanta adversidad y su particular filosofía de la vida.
Miguel Albaladejo consigue realizar una magistral adaptación de las novelas de Elvira Lindo, gracias a la participación en el guión de la propia autora, y gracias también a unas interpretaciones frescas, naturales y, en definitiva, muy creíbles, que seguro os consiguen arrancar más de una sonrisa y puede que en determinados momentos hasta alguna que otra lágrima... En mi opinión, un producto muy recomendable que, desgraciadamente, fue infravalorado incluso antes de su estreno por pertenecer al género que pertenece y tratarse de una cinta del injustamente ninguneado "cine familiar". Y es que estamos frente a una película muy alejada del prototipo de comedias americanas para adolescentes, de humor grotesco y vulgar, así como de cierto tipo de comedias pretendidamente sofisticadas pero vacías en su interior. Aquí tenemos un humor patrio muy sano, fresco y con ese toque de ingenuidad tan tierno que sólo los niños pueden darle.
Por cierto, existe una secuela dirigida por un tal Juan Potau que no tiene absolutamente nada que ver con esta pequeña maravilla de la que estamos hablando. Desde aquí aprovecho para advertir a todo el mundo. Se me hace duro decirlo, pues seguro Juan Potau puso todo su empeño y buena voluntad en ese film, pero, con el debido respeto hacia todos los en ella involucrados (El Gran Wyoming también andaba por ahí...), le salió una auténtica bazofia que no hay por donde cogerla. Un producto indigno de llevar la etiqueta "Manolito Gafotas" en su título. Quedan avisados. La primera, eso sí, muy recomendable. Yo diría que incluso tiene efecto terapeútico; la deberían proyectar en hospitales, geriátricos, etc. Ayuda a subir el ánimo a cualquiera. Una maravilla. Y sé que muchos se habrán sorprendido con esta entrada...
¡Ea!, saldada pues la deuda que tenía con esta película. Otro día les hablo de El Milagro de P. Tinto, otra gran comedia española de nuestros días, aunque de un tipo de humor muy diferente...
El pasado lunes, día 2 de Noviembre, se nos fue uno de los más grandes actores del cine español de todos los tiempos, pero no es mi intención repasar su obra en esta entrada; en las últimas horas pudimos leer infinidad de homenajes que ya lo hacen con gran esmero.
Me gustaría tan sólo haceros partícipes de una impresión personal que me acompaña desde largo tiempo: a pesar de las enormes y evidentes diferencias físicas que había entre ambos, siempre vi a José Luis López Vázquez como la versión española de James Stewart...
El primero, bajito, calvo y con bigote. Jimmy, repeinado, muy alto y algo desgarbado. Sin embargo, ambos, con un don especial para esto de la interpretación. Los dos hicieron, además de cine, teatro y televisión, siendo ampliamente reconocidos en todos los medios. En su haber, un buen puñado de obras maestras tanto en el drama como en la comedia. Y lo más importante, lo que más me llamó siempre la atención: tanto uno como otro tenían cara de "gente", de ciudadano común y corriente, y si me apuran me atrevería a decir que hasta de buena persona. Quizá por ello al espectador nunca le costó ningún esfuerzo identificarse con sus personajes. Les podía pasar cualquier cosa, nos podía pasar cualquier cosa... Con pocos actores he llegado a sentir la empatía que sentía con estos dos grandes genios del celuloide.
Después de ver "Ágora" a uno le asalta la sensación de que en esta historia había una gran película. Y digo «había» porque, sin duda, en las manos adecuadas este proyecto habría llegado a mucho más.
"Ágora" es una película sobre la intolerancia, sobre los fundamentalismos, sobre la sinrazón de una religión que a golpe de dogma y espada pretendía instaurarse al precio que fuera. Pero también es una película sobre la ciencia; una película que nos muestra hasta dónde puede llegar la pasión de una mente curiosa, empírica e inconformista en su lucha por trazar un modelo fiel de nuestro Universo.
Desde el punto de vista técnico, y salvo algunos planos donde el cartón piedra canta un poco, el acabado es impecable, no parece una peli de producción española. Eso sí, en mi opinión Amenábar acabó entusiasmándose demasiado con los planos cenitales y alguien debería haberle parado los pies cuando empezó a juguetear con el zoom infográfico.
Su principal defecto radica, sin embargo, en lo disperso de su argumento. La historia deambula sin rumbo definido a lo largo de las dos horas de metraje sin avanzar lo más mínimo y, a pesar de lo apasionado de su personaje estrella, esto es, Hipatia (Rachel Weisz), no consigue llegar con fuerza, no emociona. Cuando alcanza el punto en que podríamos comenzar a sentir cierta empatía por la atormentada Hipatia -la tenaz filósofa y maestra alejandrina que replantearía los estudios de Aristarco de Samos-, la película da entonces un bandazo hacia las trifulcas religiosas y la emoción acaba esfumádose; y así todo el rato en un bucle sin fin. Lástima, porque el tema era verdaderamente interesante, pero no le veo la chispa, no le veo el gancho a la hora de contarlo.
No obstante y a pesar de lo antedicho, se puede afirmar que estamos ante un trabajo correcto, de artesano podríamos decir; de alguien con técnica, pero sin táctica; y que se ve con interés pero, repito, que no llega a emocionar por mucha fe que uno le ponga. Y yo le puse, créanme. La típica película que la ves, te gusta, pero a las dos semanas y media ya no recuerdas ni quién la hizo. Y es para ese preciso instante que os dejo aquí la siguiente foto. Miren qué bien calzaditos van todos... ;-)
Dirigida en 1964 por ese genio renacentista que era Fernando Fernán-Gómez, y basada a su vez en una historia escrita por el más anarquista de nuestros genios patrios, léase Berlanga (se nota muy mucho su fuerte impronta), esta película, ligeramente inspirada en el Crimén de Mazarrón, constituye un interesantísimo retrato costumbrista de la España del guateque, el chisme, la avaricia y la hipocresía. Todo ello narrado bajo el patrón de la mejor de las comedias negras y con el indudable sello de calidad que le confiere su director. Para el que suscribe, una de las diez mejores películas de la historia del cine español (otro día daré la lista).
Mención especial merecen la prodigiosa interpretación de una de las parejas de hermanos más peculiares y terroríficas jamás vistas en cine, encarnados por la entrañable Rafaela Aparicio y por un enigmático Jesús Franco (en esta película, el sosias de Peter Lorre), y el papel de un jovencísimo Carlos Larrañaga cuya actuación llega a sobrecoger, sobre todo, en el último tramo de la historia.
El comienzo es antológico; menudo baile se marca Angelines. Siempre me encantó el montaje de esta escena (no se pierdan las caras de las mujeres sentadas junto a la pared; hacen valer el dicho ese de que una imagen vale más que mil palabras) y la enorme sensualidad con que baila el twist Sara Lezana, bailaora de flamenco en la vida real. Nada que envidiar a otras escenas famosas de baile vistas en cine y provenientes del otro lado del charco. Un portento. Excelente marco para los títulos de crédito iniciales. Augura algo grande, como grande fue el cine español...