Comenzó, como muchos otros de su generación, en el teatro; participó en algunas de nuestras mejores películas ("Atraco a las tres", "El crack", "Los santos inocentes", "El bosque animado"); y hasta dio nombre a un género con su apellido en los años setenta: el landismo, del que servidor guarda muy gratos recuerdos pese al maltrato de la crítica ("Cateto a babor" era una de mis favoritas de aquella época).
Se le daba muy bien preparar dry martinis, era un gran jugador de mus y traslucía una fuerza y un carácter en pantalla que hacía temblar al más pintao que se le pusiera delante. Menudo brío tenía el navarro.
Me habría gustado dedicarle algo más sentido pero no me fluyen las palabras y no quisiera forzarlo. Sirva este pequeño puñado de letras a modo de humilde homenaje.
Descanse en paz, crack. Va por ti la copa de esta noche.


















