viernes, 10 de mayo de 2013

Alfredo Landa Areta



Ayer, día 9 de mayo de 2013 a la edad de 80, dijo adiós a este mundo otro de nuestros más grandes actores: Alfredo Landa.

Comenzó, como muchos otros de su generación, en el teatro; participó en algunas de nuestras mejores películas ("Atraco a las tres", "El crack", "Los santos inocentes", "El bosque animado"); y hasta dio nombre a un género con su apellido en los años setenta: el landismo, del que servidor guarda muy gratos recuerdos pese al maltrato de la crítica ("Cateto a babor" era una de mis favoritas de aquella época).

Se le daba muy bien preparar dry martinis, era un gran jugador de mus y traslucía una fuerza y un carácter en pantalla que hacía temblar al más pintao que se le pusiera delante. Menudo brío tenía el navarro.

Me habría gustado dedicarle algo más sentido pero no me fluyen las palabras y no quisiera forzarlo. Sirva este pequeño puñado de letras a modo de humilde homenaje.

Descanse en paz, crack. Va por ti la copa de esta noche.

miércoles, 1 de mayo de 2013

Composición del Universo / Constante cosmológica

Resulta curioso que todo el conocimiento extraído del Universo, su nacimiento, evolución y las distintas teorías que hemos desarrollado, lo hayamos deducido a partir tan solo del 5% estimado de su totalidad. Ese 5% representa la parte visible de Universo, la materia ordinaria (bariónica, que dirían los físicos): el material del que estamos hechos nosotros, las estrellas y todo lo que nos rodea.


Galaxia de Andrómeda (M31)
Galaxia espiral de Andrómeda (M31).


Otro 25% del Universo se estima corresponde a la materia oscura, de la que solo sabemos a través de los efectos gravitacionales que provoca a su alrededor. Se cree que las galaxias se mantienen unidas gracias a ella. La materia oscura es a menudo referida como el "pegamento" de las galaxias.


Materia oscura a gran escala
Materia oscura "vista" a escala de Megaparsecs.


El 70% restante es energía oscura, un nombre con el que designamos a una misteriosa fuerza que parece estar acelerando la expansión del Universo y que podría entenderse como la energía que permea un vacío no tan vacío. Mientras que la materia oscura actúa a modo de pegamento, la energía oscura provoca justo el efecto contrario: tiende a separar, a escindir. La materia, recuérdese, puede reducirse a términos puramente energéticos mediante la famosa ecuación de Einstein E=mc2. Materia y energía son las dos caras de una misma moneda.


Expansión acelerada del Universo
Expansión acelerada del Universo a consecuencia de la energía oscura.



Sobre la constante cosmológica.

Hace casi cien años, lo que Einstein consideró el mayor error de su carrera, la inclusión en sus ecuaciones de una constante cosmológica para el reajuste de la teoría, puede hoy reinterpretarse como esa energía oscura de efecto expansivo o antigravitacional que acabamos de mencionar. Einstein creía en un universo estático. Sus ecuaciones, sin embargo, no contemplaban dicho escenario, o, para ser más exactos, podían contemplarlo pero no se trataba de una solución estable: el Universo se expandiría indefinidamente (universo abierto) o tendería a un colapso gravitatorio (universo cerrado) sin más que perturbar ligeramente el sistema. Con la introducción de una constante cosmológica que compensara esa tendencia al colapso que trae consigo la existencia del campo gravitatorio, Einstein lograba balancear la dinámica del sistema, quedando así modelado ese Universo estático imperante en su época. Pues bien, esa constante cosmológica, aunque con diferente orden de magnitud, es la misma que nos sirve hoy en día para describir la expansión acelerada del Universo.

No deja de ser curioso el hecho de que este sonado error en la historia de la ciencia, la constante cosmológica, fuera finalmente un parámetro de obligada introducción en el sistema de ecuaciones a la hora de modelar la dinámica de un Universo en expansión como establece la Ley de Hubble. Su verdadero valor, no obstante, continúa siendo una incógnita. Como incalculable y astronómico es también el valor de la siguiente canción. Quédense con Nat King Cole si les costó entender lo anterior. Me doy por satisfecho.




Créditos: La tercera imagen es propiedad de Hubblesite.org, un sitio muy interesante, dicho sea de paso.

jueves, 25 de abril de 2013

No soporto #24

Dos de cine:

(1) Que el título de la película aparezca cuando esta acaba.

Estoy chapado a la antigua. Me gusta el estilo de las viejas producciones: unos pequeños créditos iniciales con el título de la historia en letra bien grande, y al principio, como debe ser.

(2) La brutal descompensación entre el nivel de amplificación de los efectos de sonido y los diálogos en cualquier cinta de acción moderna.

En el cine te revientan los tímpanos, y cuando estás en casa es muy molesto porque tienes que andar siempre bajando y subiendo el volumen.



viernes, 19 de abril de 2013

Interludio musical #15

Nights in White Satin (The Moody Blues, 1967)


Sonidos mayores. Iba a decir que sobran las palabras, pero no, no sobran: están las justas en la letra de esta canción. Buen fin de semana.

martes, 16 de abril de 2013

Enredando: que parezca y no sea

Garfield.


O me estoy volviendo más tonto con el paso de los años (que no descarto), o cada vez nos cuentan peor la película. ¿Por qué esa extraña manía de complicarlo todo hasta el extremo en el cine de acción de nuestros días? Personajes que aparecen sin presentación y como vienen se van, conversaciones en clave, innumerables saltos hacia delante y hacia atrás en el tiempo, subtramas inconclusas que en vez de aportar algo al hilo principal despistan al espectador, un frenetismo en la concatenación de escenas que no te deja siquiera un par de segundos para pensar en la coherencia de lo visto... En fin, un completo caos.

Digo yo que entre dárselo todo mascadito al espectador y confiar en su clarividencia hay posturas intermedias, ¿no creen? Reconozco que estoy perdiendo retentiva (y hasta perspicacia) últimamente, pero me da a mí la impresión de que más que fallo nuestro suele ser fallo del que nos cuenta la historia. Quedan muy pocos buenos contadores de historias en el cine moderno. Suele buscarse sofisticación en la complejidad, cuando a menudo lo "bueno", entendiendo por bueno lo que se disfruta intensamente en el acto y no cuesta trabajo recordar, es normalmente lo más sencillo. Rehúyo el esnobismo elitista.


Cita de Albert Einstein.


Mi forma de verlo es la siguiente: si te empeñas en liar al espectador es conveniente que vayas desenredando el meollo poco a poco, o corres el riesgo de que desconecte. ¡No puedes estar más de dos horas mareando la perdiz! Otra opción es que decidas no aclarar nada, pero en ese caso deberías proporcionarle algo extra en lo que fijarse: que la atmósfera, al menos, esté bien conseguida o sea mínimamente sugerente, que los personajes digan cosas interesantes de vez en cuando, una buena banda sonora, etc.

No se acomplejen, no son los únicos que no entienden nada. Cuando una inmensa mayoría no entendió de la misa la mitad, casi siempre, es por culpa de la escasa o nula pericia del director-guionista-montador. No es nada fácil contar acertadamente una historia; hay que saber hacerlo. Podrás engañar a muchos en la sala de cine, pero en casa, y con el DVD, ya es otra historia. Ahí es donde se da uno cuenta de la cantidad de pamplinas que intentan colarnos.

«Mira, dentro de unos años, la gente, los idiotas, escribirán sobre la mierda que escribo... ¡No sé de dónde coño sale esto!, ¡no sé de qué trata! Y ellos, escribirán sobre lo que trata». (Bob Dylan)

Me cae como una patada en el estómago pero reconozco que aquí tuvo su gracia el cantautor de pelo alborotado.

Por cierto, ¿alguien sabe que fue de la steadicam...? No hay nada más agotador que ver una película de acción rodada con la técnica de cámara al hombro. Involución, amigos.

jueves, 28 de marzo de 2013

Mis diez del cine de terror

Y ya puestos a hacer listas, hagamos una también con el cine de terror. Os adelanto que ninguno de los títulos que aquí aparecen ha conseguido asustarme. Es más, ninguna de las películas que he visto a lo largo de mi vida me ha dado verdadero miedo. Puede que siendo crío, quizá, algún título me haya inquietado, pero vamos, que no, que aún no se estrenó película de terror que a mí me asuste, como yo siempre digo. Ves tú, algo que sí me asusta son en cambio los hospitales y los quirófanos: ¡¡pánico!! Pero mejor dejemos a un lado ese funesto tema...


Foto promocional de "La Profecía" (Richard Donner, 1976)



Como ya sabéis, no acostumbro a comentar los títulos en ninguna de mis entradas de listas. Eso, si acaso, lo dejamos para los comentarios. Incidir, una vez más, en que me dejo llevar totalmente por la subjetividad con premeditación y alevosía; no pretendo incluir ni lo más representativo, ni mucho menos lo "mejor" del género. Las que han salido lo han hecho porque tienen una historia personal detrás, no porque crea que deben figurar en una lista de cine al uso. Son películas por las que siento especial cariño por un motivo u otro (si pasáis el cursor del ratón sobre los carteles podréis leer un microcomentario emergente).

Pese a todo, caprichos del azar, resultó una lista muy dilatada en el tiempo y bastante variopinta: posesiones demoníacas, locura, más locura, maldad y sangre, gente "extraña", niños aterradores, algún que otro tiburón e incluso el mayor de los guasones de todo el género: mi querido Freddy Krueger, el malo de cine que mejor se lo pasa a tenor de sus risas.


Foto promocional de "La Parada de los Monstruos" (Tod Browning, 1932)



Sin más preámbulo, aprovecho estos entrañables días de Semana Santa, para dejaros mis diez favoritas del cine de terror ordenadas cronológicamente. Una buena alternativa sin duda al manido cine bíblico que puebla estos días nuestra TDT (¡ojo!, que también en ese género hay buenos títulos seamos creyentes o no).

  • El Gabinete del doctor Caligari (Robert Wiene, 1920)
  • La Parada de los Monstruos (Tod Browning, 1932)
  • La Semilla del Diablo (Roman Polanski, 1968)
  • El Exorcista (William Friedkin, 1973)
  • La Matanza de Texas (Tobe Hooper, 1974)
  • Tiburón (Steven Spielberg, 1975)
  • La Profecía (Richard Donner, 1976)
  • El Resplandor (Stanley Kubrick, 1980)
  • Pesadilla en Elm Street (Wes Craven, 1984)
  • En la Boca del Miedo (John Carpenter, 1994)


Cartel de "El Gabinete del doctor Caligari" (Robert Wiene, 1920)

Cartel de "La Parada de los Monstruos" (Tod Browning, 1932)

Cartel de "La Semilla del Diablo" (Roman Polanski, 1968)

Cartel de "El Exorcista" (William Friedkin, 1973)

Cartel de "La Matanza de Texas" (Tobe Hooper, 1974)

Cartel de "Tiburón" (Steven Spielberg, 1975)

Cartel de "La Profecía" (Richard Donner, 1976)

Cartel de "El Resplandor" (Stanley Kubrick, 1980)

Cartel de "Pesadilla en Elm Street" (Wes Craven, 1984)

Cartel de "En la Boca del Miedo" (John Carpenter, 1994)



Y a vosotros, ¿os gusta el cine de terror o sois incapaces de ver una película de miedo? A mí, salvo las de Freddy Krueger (y las de matanzas), que prefiero verlas en compañía por echar unas risas, el resto, siempre procuro verlas con idéntica atmósfera: solo, de madrugada y con las luces apagadas, para crear situación. ¡Pero qué va!, ni por esas consigo asustarme...

Esta es una de esas entradas en las que me encantaría que me contarais. A ver si me hacéis descubrir nuevos y terroríficos títulos. Muy buenas noches, amigos, y cuidado con lo que sueñan...


One, two, Freddy's coming for you.
Three, four, better lock your door.
Five, six, grab your crucifix.
Seven, eight, gotta stay up late.
Nine, ten, never sleep again.

Foto promocional de Freddy Krueger

lunes, 25 de marzo de 2013

Compartiendo que es gerundio

Cuando se considera que no hay nada mínimamente interesante que decir... mejor que lo digan otros y mantenerse a la escucha. Es lo que hice estos días.


Fotograma de la película "Emboscada a Matt Helm" (Henry Levin, 1967)



Es curioso, pero, tras unos años usando estas herramientas y después de un tiempo sin publicar, se da uno cuenta del grado de dependencia adquirido. Es como si le rondara a uno siempre por la cabeza esa extraña necesidad de compartir, aunque no se supiera muy bien qué. Supongo que os echaba de menos, tan sencillo como eso.

En unos días volvemos con una de mis listas de cine. Mientras tanto, os dejo bien acompañados: canción y vídeo. Aprovechando al máximo las posibilidades del medio. Y no una canción y un vídeo cualquiera, no... El más grande artista que vio el siglo pasado, ni esperan ver los venideros: Dino Crocetti.



Nota: La película (La mansión de los siete placeres, 1969) es muy floja, que nadie se lleve a engaño. Le gustará únicamente a los muy seguidores: repertorio de muecas de Dean Martin, pequeño catálogo de piernas femeninas y dos o tres temas musicales a cargo del susodicho. Con eso nos conformamos. Suficiente.