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sábado, 1 de agosto de 2020

Tiempos difíciles

The New Yorker Cartoons - New York Enters Phase II





Asomo la cabeza por aquí (lo que se puede, en estos tiempos difíciles que corren), simplemente para dejaros un directo à couper le souffle (ocho minutos de vello erizado y reconciliación instantánea con la vida y el mundo, si se estaba perdiendo la fe), y para desearos que todo vaya bien en este año un tanto raro que estamos viviendo, por decirlo de una forma eufemística.

Cuidaos y tened presente que siempre nos quedarán las artes (y el recuerdo).

jueves, 13 de abril de 2017

Sentir, que no es poco

Foto promocional de Christina Rosenvinge


Sentir que quieres decir algo y no saber qué.
Escuchar una canción y sentir que querías contar, no lo que dice esa canción, sino lo que crees que te transmite.
Sentirse dichoso y feliz en esa extraña melancolía que te envuelve cuando la escuchas.

Supongo que esta es una de las cosas que nos hace infinitamente más complejos e interesantes que las máquinas, que solo entienden de reglas preestablecidas, de ceros y unos. La contradicción, lo absurdo, el arbitrio, la espontaneidad, la incertidumbre, la intuición... El sentimiento. Cualidades estas tan humanas.

Sigo con la música. Pocas ideas en mi cabeza. Mucho trasiego de sentimientos. La primavera, supongo.

Christina siempre me ronda. Yo, siempre le rondo. ¡A rondar se ha dicho!



miércoles, 14 de julio de 2010

Recuerdos (3 de 3)

Lógicamente, no podía faltar un tema de nuestro querido Dean Martin si de recuerdos hablamos... Veamos de qué están hechos los recuerdos según el mismísimo King of Cool.

Sirva este vídeo para poner punto y final a este, mi pequeño homenaje al recuerdo, y al órgano que los crea, procesa y almacena: el cerebro.





«Toma un dulce y tierno beso,
Añádele una noche de felicidad robada.
Una chica, un chico, alguna pena, un poco de alegría.
Los recuerdos están hechos de esto»

«Tus labios y los míos, dos sorbos de vino.
Los recuerdos están hechos de esto»

DEAN MARTIN. "Memories are made of this" (1955)




Permítanme un pequeño y curioso cálculo para finalizar:

Se estima que un cerebro humano contiene tantas neuronas como galaxias tiene nuestro universo (o como estrellas posee nuestra galaxia): alrededor de cien mil millones de unidades (un uno seguido de once ceros). Por término medio cada neurona posee unas 7000 sinapsis o puntos de contacto con las neuronas de su entorno. Una grosera predicción a la baja de la información que podría almacenar nuestro cerebro, suponiendo que cada sinapsis respondiera a una cuestión elemental con un "sí" o un "no" (a modo de conmutador), nos la daría el producto de estas dos cantidades (neuronas y sinapsis). El resultado, evidentemente, habría de medirse en bits:

1011 x 7000 = 7 x 1014 bits

Expresando este número en un múltiplo manejable del byte (1 byte = 8 bits), tendríamos que el cerebro humano posee una capacidad potencial de almacenamiento en torno a 80 Terabytes de información. Para hacernos una ligera idea del orden de magnitud de estas cifras pensemos que los ordenadores actuales rara vez se montan con un disco duro de más de 1 TB de capacidad (1 TB = 1024 GB). Y es inmensa la cantidad de información que pueden almacenar estos dispositivos; ustedes lo saben... Pues bien, nuestro cerebro iría aún muy por delante respecto al acopio de información.




Ni que decir tiene que todo este asunto es en realidad mucho más complejo de lo que pueda darse a entender, tan complejo que escapa a nuestro entendimiento. Y es que, un cerebro es algo más que un sistema procesador/disco duro. Hoy por hoy, ni el mejor de nuestros superordenadores estaría a la altura de cualquier cerebro humano. Por no hablar de la idoneidad o no de emplear un código basado en el byte, cuando 6 bits son más que suficientes para respresentar todas las letras del alfabeto, los números del 0 al 9 y los signos de puntuación de la mayoría de los idiomas...

Dotar a una máquina de cualidades tan importantes como la capacidad de aprendizaje, la intuición, la iniciativa propia y las emociones, inherentes todas al ser humano, se me antoja tarea harto complicada. Pasarán muchos años y estaremos todavía muy lejos de conseguirlo. O no... Sea como fuere, para mí, hoy, es impensable, por ejemplo, que una máquina pueda llegar a emocionarse con la música. A mí, sin embargo, me cuesta bien poco...




La canción que les dejo como segundo cierre, contrapunto perfecto de la primera, me trae recuerdos, me hace evocar, me pone incluso melancólico... Me encanta. La melancolía ─y una pequeña dosis de soledad─ es buena cuando se busca para un ratito, ¿no creen? Te hace sentir vivo.

Disfrútenla y a ver quién adivina a qué banda sonora pertenece esta música. Jo, esta entrada me quedó algo larguilla... Espero no haberles aburrido demasiado. ¡Hasta pronto! ;)

(Y aquí sonaba esto)

viernes, 2 de julio de 2010

Recuerdos (2 de 3)



Esta canción me trae recuerdos, los recuerdos de una época en la que solía irme a la cama con el walkman bajo la almohada para escuchar un espacio radiofónico llamado "Polvo de Estrellas". No sé cuántas veces la programaría el señor Pumares en aquel espacio ─"People" era otra de las habituales─, pero fueron muchas, de eso estoy seguro.

Grande Barbra, muy grande. Y grande Pumares (a pesar de su mal carácter y corta estatura).




"The Way We Were" (Barbra Streisand)

Memories
Light the corners of my mind
Misty watercolor memories
Of the way we were
Scattered pictures
Of the smiles we left behind
Smiles we gave to one another
For the way we were

Can it be that it was all so simple then
Or has time rewritten every line
If we had the chance to do it all again
Tell me - Would we? Could we?

Memories
May be beautiful and yet
What's too painful to remember
We simply choose to forget

So it's the laughter
We will remember
Whenever we remember
The way we were

So it's the laughter
We will remember
Whenever we remember
The way we were



Los recuerdos sustentan nuestra identidad como persona; evitan que nos tengamos que preguntar cada mañana al levantarnos quiénes somos. Una poderosísima facultad cerebral, la memoria, si bien no tan fiable como a menudo pensamos... Y es que, conforme pasa el tiempo, todo se distorsiona, todo se deforma en el interior de nuestro cerebro. Muchas veces porque nos conviene; otras sin que lo queramos. Un detalle que deberíamos tener en cuenta antes de insistir fervorosamente en algo de lo que sólo nos queda un recuerdo. Nos ahorraríamos muchas discusiones.






«Y no puedo olvidar, no puedo olvidar
No puedo olvidar pero no recuerdo qué»

(Leonard Cohen)

sábado, 26 de junio de 2010

Recuerdos (1 de 3)


[Rachael runs away when Deckard turns to get a glass. Then, Deckard looks a Rachael's photo]

Deckard (voice-over): Tyrell really did a job on Rachael. Right down to a snapshot of a mother she never had, a daughter she never was. Replicants weren't supposed to have feelings. Neither were blade runners. What the hell was happening to me? [pause] Leon's pictures had to be as phony as Rachael's. I didn't know why a replicant would collect photos. Maybe they were like Rachael. They needed memories.

[Deckard, on balcony]





Y es que sin recuerdos nada somos. Dicen que tanto felicidad como infelicidad son, ambos, estados transitorios, y que tendemos a sobrevalorarlos: siempre duran menos de lo que imaginamos. El remanente de toda experiencia, en cualquier caso, siempre es el recuerdo. Nuestras mayores alegrías, y en ocasiones también, nuestro mayor tormento. No somos sino un vasto, inmenso archivo de recuerdos. Los recuerdos de toda una vida.

En 1982 Blade Runner abordaba, entre otros muchos asuntos (las emociones, lo efímero de nuestra existencia, etc.), el tema de los recuerdos. Los replicantes, así eran llamados los androides, llevaban implantada en su cerebro una falsa vida de recuerdos. El momento en que Rachael descubre no ser "humana" es de una intensidad dramática impresionante, de una belleza sobrecogedora.


== o ==


Una taza de café ─caliente o helado, según gustos─, el cálido sonido de este saxo, y la suave brisa de la madrugada meciendo a su antojo el liviano visillo de la ventana. Apagas la luz, pero no estás a oscuras; el mágico reflejo de nuestro satélite inunda la estancia sumiéndolo todo en un tenue resplandor blanco-azulado, todavía con la intensidad suficiente para proyectar algunas sombras. Sientes la noche en tu cuerpo, sientes la calma. Te sientes feliz y te recreas en el instante, lo saboreas. Hoy es tangible; mañana será un recuerdo.


Buena semana a todos y gracias por estar ahí.