
El viernes pasado, a la edad de 80 y en su residencia de Santa Mónica (California), se nos fue otra de las grandes figuras del Hollywood clásico: la actriz británica Jean Simmons.
En su haber, más de cincuenta películas y dos nominaciones a los premios Oscar, la primera de ellas en 1949 por su interpretación de Ofelia en "Hamlet", dirigida por su compatriota Laurence Olivier, y la segunda y última en 1970 por su actuación en "Con los ojos cerrados" (The Happy Ending), con dirección a cargo del que fuera su segundo esposo, el cineasta americano Richard Brooks (su primer marido fue el actor americano de origen inglés Stewart Granger).
"Cadenas rotas", "Cara de ángel", "La túnica sagrada", "Sinuhé el egipcio", "Horizontes de grandeza" y "El fuego y la palabra" son sólo algunas de las magníficas producciones en las que intervendría esta discreta y bella morena de mirada angelical.
Fueron muchas sus grandes actuaciones sí, pero en mi opinión nunca lució tan esplendorosa, radiante y encantadora como cuando interpretó a Varinia, la mujer de "Espartaco" (Stanley Kubrick, 1960), uno de los papeles que más fama le reportaría y por el que tiene la inmortalidad ganada. Jean Simmons, descanse en paz.