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viernes, 18 de marzo de 2011

Superficiales

El otro día leía en un diario un artículo de presentación de un libro –“Superficiales”, de Nicholas Carr–, en el que se afirma que Internet está cambiando nuestro cerebro, lo está moldeando significativamente (ya sabíamos de la gran plasticidad de nuestra materia gris). Por lo visto, navegar por la Red actúa en detrimento de nuestra capacidad de concentración, merma ostensiblemente la memoria y debilita la capacidad de abstracción y el pensamiento profundo (también estresa bastante y afecta a nuestra vista, añadiría yo). En definitiva, nos vuelve un poco más superficiales (por no decir un poco más estúpidos, que es lo que verdaderamente se insinúa).

No sé hasta qué punto será esto cierto, pero supongo que algo de razón tiene. De la misma forma en que la aparición del teléfono móvil hizo, automáticamente, que nunca más volviéramos a memorizar un número de teléfono, Internet está haciendo lo propio a través de cierto afamado buscador; cada vez delegamos más en este tipo de herramientas (la pereza nos vence si de memorizar se trata), desconociéndose qué cambios pueden producirse a la larga (es ley universal que todo lo que no se usa tiende a atrofiarse hasta la desaparición…). Por otra parte, la sobreestimulación visual a que estamos sometidos cuando nos sentamos frente a una pantalla, mirando aquí y allá sin ton ni son, no centrándonos en nada y leyendo superficialmente todo, hace que ahora, por lo general ─y según el citado estudio─, nos cueste mucho más esfuerzo seguir el hilo lineal de lectura de un libro sin perder la concentración ni la retentiva. Nuestra forma de leer se está viendo alterada. Por no hablar de las nuevas adicciones que están apareciendo, como esa necesidad imperiosa de leer el correo cada dos por tres, o de ver constantemente la última actualización de los amigos en la red social de turno, o en los blogs, sin ir más lejos.




Al parecer, lo único que se mejora es el procesamiento visual y la toma de decisiones, aunque digo yo que de nada sirve la rapidez en la toma de decisiones si se yerra constantemente. Frente a la rapidez yo daría más importancia al porcentaje de acierto aunque, evidentemente, lo ideal es la situación de compromiso, el equilibrio, e Internet solo está potenciando esa rapidez en tanto en cuanto nos estresa, me parece a mí.

En fin, como siempre sucedió con la aparición de toda nueva tecnología, creo que el bien o el mal que pueda hacernos depende en gran medida del uso o abuso que podamos hacer de ella, de manera que, nada nuevo bajo las estrellas, amigos. No obstante, la polémica parece servida. Yo, por si acaso, sigo con mis desconexiones temporales… ;-)

miércoles, 14 de julio de 2010

Recuerdos (3 de 3)

Lógicamente, no podía faltar un tema de nuestro querido Dean Martin si de recuerdos hablamos... Veamos de qué están hechos los recuerdos según el mismísimo King of Cool.

Sirva este vídeo para poner punto y final a este, mi pequeño homenaje al recuerdo, y al órgano que los crea, procesa y almacena: el cerebro.





«Toma un dulce y tierno beso,
Añádele una noche de felicidad robada.
Una chica, un chico, alguna pena, un poco de alegría.
Los recuerdos están hechos de esto»

«Tus labios y los míos, dos sorbos de vino.
Los recuerdos están hechos de esto»

DEAN MARTIN. "Memories are made of this" (1955)




Permítanme un pequeño y curioso cálculo para finalizar:

Se estima que un cerebro humano contiene tantas neuronas como galaxias tiene nuestro universo (o como estrellas posee nuestra galaxia): alrededor de cien mil millones de unidades (un uno seguido de once ceros). Por término medio cada neurona posee unas 7000 sinapsis o puntos de contacto con las neuronas de su entorno. Una grosera predicción a la baja de la información que podría almacenar nuestro cerebro, suponiendo que cada sinapsis respondiera a una cuestión elemental con un "sí" o un "no" (a modo de conmutador), nos la daría el producto de estas dos cantidades (neuronas y sinapsis). El resultado, evidentemente, habría de medirse en bits:

1011 x 7000 = 7 x 1014 bits

Expresando este número en un múltiplo manejable del byte (1 byte = 8 bits), tendríamos que el cerebro humano posee una capacidad potencial de almacenamiento en torno a 80 Terabytes de información. Para hacernos una ligera idea del orden de magnitud de estas cifras pensemos que los ordenadores actuales rara vez se montan con un disco duro de más de 1 TB de capacidad (1 TB = 1024 GB). Y es inmensa la cantidad de información que pueden almacenar estos dispositivos; ustedes lo saben... Pues bien, nuestro cerebro iría aún muy por delante respecto al acopio de información.




Ni que decir tiene que todo este asunto es en realidad mucho más complejo de lo que pueda darse a entender, tan complejo que escapa a nuestro entendimiento. Y es que, un cerebro es algo más que un sistema procesador/disco duro. Hoy por hoy, ni el mejor de nuestros superordenadores estaría a la altura de cualquier cerebro humano. Por no hablar de la idoneidad o no de emplear un código basado en el byte, cuando 6 bits son más que suficientes para respresentar todas las letras del alfabeto, los números del 0 al 9 y los signos de puntuación de la mayoría de los idiomas...

Dotar a una máquina de cualidades tan importantes como la capacidad de aprendizaje, la intuición, la iniciativa propia y las emociones, inherentes todas al ser humano, se me antoja tarea harto complicada. Pasarán muchos años y estaremos todavía muy lejos de conseguirlo. O no... Sea como fuere, para mí, hoy, es impensable, por ejemplo, que una máquina pueda llegar a emocionarse con la música. A mí, sin embargo, me cuesta bien poco...




La canción que les dejo como segundo cierre, contrapunto perfecto de la primera, me trae recuerdos, me hace evocar, me pone incluso melancólico... Me encanta. La melancolía ─y una pequeña dosis de soledad─ es buena cuando se busca para un ratito, ¿no creen? Te hace sentir vivo.

Disfrútenla y a ver quién adivina a qué banda sonora pertenece esta música. Jo, esta entrada me quedó algo larguilla... Espero no haberles aburrido demasiado. ¡Hasta pronto! ;)

(Y aquí sonaba esto)