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lunes, 2 de julio de 2012

Fred Astaire y Rita Hayworth



Depués de dejar la RKO al final de los años 30, y tras toda una década de éxitos junto a la que fue su mejor pareja de baile en mi modesta opinión (Ginger Rogers), Astaire probaría suerte en los siguientes años con diversas actrices, entre las que encontramos a Rita Hayworth, bailarina de pro. Junto a ella protagonizaría dos películas más que interesantes a principios de los 40: "Desde aquel beso" (You'll never get rich, 1941) y "Bailando nace el amor" (You were never lovelier, 1942), dos comedias musicales que merece la pena recordar.


Cartel de la película "Desde aquel beso"


La primera, "Desde aquel beso", es exquisita desde que empieza ─originalísimos créditos iniciales─ hasta su último fotograma. Tiene un ritmo endiablado y una trama llena de divertidos enredos y confusiones, muy a lo screwball comedy. Rita Hayworth no desmerece en absoluto como partenaire del Maestro.


Escena de baile perteneciente a la película "Desde aquel beso".



Cartel de la película "Bailando nace el amor"


La segunda, "Bailando nace el amor", es algo menos alocada que la primera pero igual de disfrutable (o más) que aquella. Hayworth está especialmente guapa en esta cinta: su luminosa sonrisa, las ondas de su pelo, los vestidos que luce... ¡vean, vean!... Entre sus muchos alicientes nos encontramos, además, con el toque latino que le da Xavier Cugat y su orquesta. Su inconfundible percusión se funde a la perfección con el prodigioso zapateo de Fred, dando lugar a unos números absolutamente memorables. Para muestra, un botón:


Solo de claqué perteneciente a la película "Bailando nace el amor".



Desde el punto de vista argumental ambas películas parten de una idea muy similar. En las dos me enredan al bueno de Fred con una bella señorita, nuestra querida Rita, con el solo propósito de enmascarar una realidad digamos embarazosa, para, después de muchos malentendidos, terminar acabando juntos pese a la oposición del "liante".

Como digo, dos comedias musicales ligeras ciertamente entretenidas, que, probablemente, nunca alcanzaron el reconocimiento que merecen. Desde No todo es kippel aprovechamos para recomendar efusivamente el (re)visionado de ambas. Diversión garantizada.


domingo, 18 de octubre de 2009

Gilda (Charles Vidor, 1946)

Me gustaría hablaros largo y tendido acerca de las virtudes de "Gilda", otro de los grandes iconos del cine clásico, pero teniendo en cuenta que transcurrieron ya 63 años desde su estreno y que en un par de clics de ratón podríamos hacer llegar a nuestra pantalla cientos de sesudos análisis elaborados por gente que de esto entiende mucho más que yo, creo, sinceramente, que no merece la pena el esfuerzo. Además, hoy no estoy por la labor de teclear demasiado...




Baste con decir que en "Gilda" podemos encontrar, entre otras cosas, uno de los triángulos amorosos más turbulentos de cuantos se hayan podido ver en la pantalla grande: el formado por Rita Hayworth, Glenn Ford y George Macready, espléndidos todos; unas cuantas bofetadas de pura antología (me consta, y además se aprecia, que alguna mano se escapó verdaderamente); y uno de los stripteases más castos a la par que sensuales de todo el periodo clásico (recuérdese aquel famoso guante -objeto de ensoñación de toda una generación- que haría correr ríos y ríos de tinta).

Y bien, como la escena del guante está ya pelín trillada (aunque no seré yo quien se canse de ver a la alegre femme fatale contonearse al ritmo de "Put the Blame on Mame"), preferiría cerrar la entrada con otra escena distinta.

Aquí tienen a la pelirroja de ensueño -las piernas cruzadas, el cabello sobre los hombros y guitarra en mano-, entonando la canción mencionada en lo que hoy denominaríamos un «acústico». La magia del cine consiste en hacernos creer que la voz que escuchamos era realmente suya. Así debe hacerse un playback, señores.



A Glenn Ford le despertó; a mí no me habría permitido conciliar el sueño en una semana... Grande Hayworth. ¿Sabían ustedes que por sus venas corría sangre sevillana por parte de padre? Margarita Cansino era su verdadero nombre. Qué increíble fotogenia...