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domingo, 6 de febrero de 2011

Terminador lunar

Contrariamente a lo que pudiera pensarse, son, precisamente, noches como la de hoy, con la Luna en una fase poco iluminada, las mejores para la observación de nuestro satélite.

Es en ellas cuando, dirigiendo la mirada hacia el terminador lunar, esa línea imaginaria que separa la zona iluminada de la región oscura, podemos apreciar con más detalle las sombras que proyectan los cráteres sobre su árida superficie. Bastan unos modestos binoculares 7x50 ó 10x50 para poner de manifiesto la grandeza y el encanto de la orografía selenita.

Y aquí mis queridos prismáticos, fieles compañeros en la quietud de la noche:




¿Qué tal algo de Mike Oldfield para darle vidilla a la entrada...?








Cerrando la publicación, una pequeña guía sobre prismáticos escrita hace algunos años en uno de esos momentos de aburrimiento en que a uno le da por hacer "cosas raras" para matar el tiempo (quizá sobraban esas comillas). Supongo que podrá serle de cierta utilidad a quien decida comprarse unos y no sepa nada al respecto.

Ahí queda eso.

miércoles, 20 de octubre de 2010

La Luna del horizonte



Abordamos en esta entrada un fenómeno cuyos primeros registros se remontan a la época del antiguo Egipto. Seguramente a todos nos ha parecido en más de una ocasión que el tamaño de la Luna es mucho mayor cuando está cerca del horizonte que cuando se encuentra en el cenit. Pues bien, más que una ilusión óptica el fenómeno habría de catalogarse de efecto psicológico, de hecho, es precisamente cuando la Luna se oculta por el horizonte cuando más distancia la separa de nosotros (un radio terrestre), por tanto, el momento en el que más pequeña debería verse. Y cierto es que existe una pequeña refracción de los rayos en la atmósfera terrestre, pero no llega a ser perceptible a nuestros ojos (su característico tono rojizo se debe a la dispersión Rayleigh). Bastaría con fotografiar la Luna a diversas alturas y medir el diámetro de la misma con una regla para darse cuenta de que el tamaño real no varía.




El causante de esta sensación no es otro que nuestro cerebro, que tiende a asignar un mayor o menor tamaño a los objetos según su distancia al horizonte. Un objeto que se oculta por el horizonte se nos antoja muy lejano, luego debe ser también increíblemente grande. Así de caprichosa es nuestra materia gris. Otra forma de romper esta “ilusión” consiste en hacer un tubito con la mano y apuntar a nuestro satélite: al instante disminuye su tamaño. Una vez más, comprobamos que nuestros sentidos nos engañan. Ándense con ojo pues ;)





"Harvest Moon" (Neil Young)

Come a little bit closer
Hear what I have to say
Just like children sleepin'
We could dream this night away.

But there's a full moon risin'
Let's go dancin' in the light
We know where the music's playin'
Let's go out and feel the night.

Because I'm still in love with you
I want to see you dance again
Because I'm still in love with you
On this harvest moon.

When we were strangers
I watched you from afar
When we were lovers
I loved you with all my heart.

But now it's gettin' late
And the moon is climbin' high
I want to celebrate
See it shinin' in your eye.

Because I'm still in love with you
I want to see you dance again
Because I'm still in love with you
On this harvest moon.


Cómo me gusta el lamento de la ármonica casi al final...

jueves, 8 de abril de 2010

De tamaños y distancias



Si representamos la Tierra por una pelota de ping-pong, el Sol tendría las proporciones de un balón de unos 4 metros de diámetro.

Si la pelota de ping-pong pesara 30 gramos, el balón que representa al Sol debería pesar, siempre en proporción, cerca de 10 toneladas métricas.

El diámetro del Sol es de 1.400.000 km aproximadamente; el de la Tierra es de unos 12.742 km; y el de la Luna es de 3.476 km.

Si hablamos de distancias han de saber que la distancia Tierra-Luna es, en valor medio, de unos 384.000 km (tan sólo algo más de la cuarta parte del diámetro del Sol), mientras que la distancia que nos separa del Sol -lo que los astrónomos denominan una unidad astronómica- se aproxima a los 150 millones de km.

Un dato curioso: el hecho de poder disfrutar de eclipses totales de Sol se debe a la extraordinaria casualidad de que el tamaño aparente del disco solar es aproximadamente igual al de nuestra Luna, pese a sus dimensiones tan dispares en la realidad. El Sol es unas 400 veces más grande que la Luna pero, casualmente, se encuentra 400 veces más lejos de nosotros que nuestro satélite, con lo cual puede obrarse el milagro, ¿no es maravilloso?.






No les puedo precisar hasta qué punto son exactas las representaciones que acaban de ver. No obstante, creo que el vídeo puede servirnos para hacernos una idea bastante buena de las enormes diferencias de tamaño que existen entre algunos de los cuerpos celestes de nuestra Galaxia.

Ciertamente, no somos nada.

lunes, 20 de julio de 2009

En directo desde la Luna

Parece que hoy era obligado recordar... Aprovechemos pues la efeméride para deleitarnos con este pequeño montaje de los momentos más interesantes de La Misión:



Sin duda una de los mayores proezas de la humanidad. Nuestro particular encuentro con el Monolito. Por cierto, la famosa frase que todos conocemos tenía muy poco de improvisada...


Fly Me to the Moon by Frank Sinatra on Grooveshark

viernes, 8 de mayo de 2009

Y la Luna se vistió de luz

Esta madrugada, la luz reflejada por nuestro hermoso satélite -en vigorosa fase de Luna Llena- será capaz de proyectar nuevamente por sí sola, como viene sucediendo cada revolución sinódica (*), tenues pero apreciables sombras en plena noche.




Y aunque desde el punto de vista del astrónomo aficionado no sea ésta precisamente la fase idónea para su observación, siempre es fascinante alzar la mirada cuando la Luna alcanza el plenilunio y encontrarla ahí, resplandeciente y altiva, con una magnitud aparente de -12,5 (unas 28.000 veces más brillante que Sirio, la estrella más luminosa de nuestro cielo nocturno), dando lustre a su característica composición de tierras y mares, sí, esas zonas claras y oscuras de su superficie en las que todos hemos creído ver, más de una vez, una misteriosa cara redonda. Sonriente para algunos, triste para otros; eso depende ya de nuestro cambiante estado ánimo.

A ella pues y, por supuesto, a todos vosotros, mis preciados lectores, vayan unos tempraneros y cálidos deseos de Buenas Noches.




(*) Aprovecho el inciso para explicaros lo que considero el concepto más importante (quizá el único destacable entre tanto kippel) de estos breves apuntes: la diferencia entre el mes sideral y el mes sinódico, algo que suele confundirse/olvidarse con relativa frecuencia.

El mes sideral es el tiempo que invierte la Luna en completar un giro alrededor de la Tierra con relación a las estrellas (27,3 días), mientras que el mes sinódico es el período de revolución de la Luna en torno a la Tierra con relación al Sol (29,5 días). Este último, algo más largo que el mes sideral porque la propia Tierra se halla en movimiento alrededor del Sol, necesitando la Luna dos días más para regresar a la misma posición con relación al astro rey. Es el mes sinódico el que marca el tiempo que tarda en repetirse una misma fase.