Ahí es donde se encuentra la raza humana, condenada a vivir en una mota de polvo. El azar así lo quiso y en esa mota de polvo nos encontramos, con nuestras alegrías y nuestras miserias. Insignificantes para el resto del Universo.
La desaparición instantánea del planeta Tierra no supondría más que una ligera perturbación en nuestro Sistema Solar. "Nadie" percibiría anomalías reseñables fuera de él. Sin embargo, a veces nos seguimos creyendo, comenzado ya el tercer milenio, en el centro mismo del Universo.
¿Qué sentido tienen las guerras?, ¿y las fronteras?... Hacer particiones en una mota de polvo, ¿puede haber algo más ridículo? Sí, matar por ellas. ¿Y qué es eso de la patria?, ¿acaso alguien elige dónde nace? Somos ciudadanos del mundo, esa la única patria que existe. Bueno, ésa, y aquella otra de la que nos hablaba
Loquillo en su canción.
Hasta que el ser humano no se deje de despropósitos y banalidades no se producirá un nuevo salto en la escala evolutiva. Y aun así, seguiremos condenados a vivir en esta, nuestra mota de polvo.
Otro día os doy las claves sobre una futurible
Conquista del Espacio (o cómo salir de nuestra mota de polvo).
Territorios Libres (Loquillo y Trogloditas, 2001)