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viernes, 16 de diciembre de 2016

Tres por dos más uno igual a cuatro*

Foto promocional de "El último atardecer" (1961).


Dos recomendaciones para el fin de semana: "Duelo al sol" (King Vidor, 1946) y "El último atardecer" (Robert Aldrich, 1961), dos grandes dramas ambientados en el oeste americano. El primero, con un desenlace a pleno sol. El segundo, con duelo al ocaso. Denominador común, aparte del género y Joseph Cotten (actor que realiza un papel muy distinto en una y otra película), su argumento: una mujer, dos hombres y tensión cortante.

Pasión y tormento en ambos tríos, actuaciones de medalla y laurel, y un buen puñado de frases lapidarias y sentenciosas, de esas que los guionistas de antaño acostumbraban a poner en boca de sus personajes.

El impresionante Technicolor de "Duelo al sol", con el color al borde de la saturación en algunos planos, y la simpática cancioncilla que el personaje interpretado por Kirk Douglas no puede dejar de silbar en "El último atardecer", de seguro perdurarán en vuestra memoria. Os las llevaréis a la cama mientras os va venciendo el sueño.

Una para el sábado y otra para el domingo. Quien se aburre es porque quiere. Por cierto, para todo aquel a quien pueda interesar, mis diez del oeste (aquí).


Foto promocional de "Duelo al sol" (1946).


Nota: El título de la entrada, además de ir en contra de toda ley matemática, es una suerte de galimatías con el que relaciono el número de personajes principales total y la cantidad de supervivientes.

domingo, 9 de agosto de 2009

Un Extraño en mi Vida (Richard Quine, 1960)


Resulta curioso toparse con películas como la de Richard Quine en la puritana sociedad americana de los años sesenta. Sus protagonistas, un Kirk Douglas con el corte de pelo de Espartaco, y una de las espaldas más sensuales del celuloide: la bella Kim Novak. La historia, una relación de adulterio entre ambos y el consiguiente conflicto moral que suele plantearse en estos casos.



La vacuidad de ciertas relaciones matrimoniales, la monotonía en que suele caerse, la paulatina pérdida de interés en el cónyuge, y en definitiva, la falta de atención a la pareja (imperdonable lo del marido de Kim Novak...), son sólo algunas de las causas en las que pone el foco su director. Grandes dosis de romanticismo, milimétrica dirección y toda la elegancia del Hollywood clásico en una película a la que merece la pena echarle un vistazo. Atención a sus últimos veinte minutos. Insuperables.