sábado, 5 de diciembre de 2009

Inmortal Mozart


Mozart Sings His Requiem (Thomas W. Shields)

Corría el año 1791. Un Mozart de salud endeble y agotado por las extenuantes jornadas de trabajo que él mismo se imponía, se encuentra trabajando en "La Flauta Mágica" cuando, de repente un día, recibe un misterioso encargo que a la postre se convertiría en su última composición: la famosa e inacabada Misa de Réquiem.

Trabajando siempre hasta agotar sus fuerzas y con el convencimiento, cada vez más firme, de que se hallaba escribiendo su propio Réquiem, Mozart se afana en terminar, en el plazo establecido, tan extraño encargo.

Sobre la identidad del misterioso hombre poco se sabe (o más bien, poco sé yo), ni tan siquiera sabemos a ciencia cierta si lo visitó en más de una ocasión. De lo que no hay duda, pues así fue relatado posteriormente por su esposa Constanze, es que esta figura llegó a convertirse en algo casi sobrenatural para su querido esposo; Mozart acabaría viendo a esta persona como un mensajero enviado del Más Allá con el propósito de anunciarle el final de sus días.

Y así llegamos a la triste noche de su muerte. Era aproximadamente la una menos cinco de la madrugada del lunes 5 de diciembre de 1791 ─en este preciso instante se cumplirían exactamente 218 años─ cuando Mozart, a la edad de 35, decía adiós a este mundo para pasar a formar parte, ipso facto, de ese reducido grupo de genios inmortales que conforman la posteridad.

Sabemos que el Réquiem no fue compuesto en su orden litúrgico. Se cree que el "Lacrimosa", que precede en la obra al "Ofertorio", pudo ser la última música compuesta por él, y es por eso que la rescato para ustedes en esta entrada. Las últimas notas surgidas de la mente de un genio.



Manuscrito de la última página del Réquiem



Señoras, señores, vayan buscando el reclinatorio; obligado postrarse ante esta maravilla. Solemne, histórica, majestuosa... cuasi divina.




Decía Haydn, coetáneo suyo: «La posteridad no volverá a ver un talento así en más de cien años». Pasaron ya casi 220 y seguimos sin verlo...

7 comentarios:

atikus dijo...

Desde luego que gran maestro!...la semana pasada estaba buscando la adaptación en cine de "La flauta mágica" de Ingmar Bergman, luego e ha hecho otra posterior hace nada, un par de años...es que lo bueno, no se olvida ;)

saludos

Mul dijo...

Amén

PD: Cierto, Kine, si no es divino, se acerca. Resultan fascinantes los personajes como él, ver cómo personas con un cerebro como el que tenemos todos han conseguido alcanzar esas dimensiones de potencial creativo. Qué envidia, no?

Se te lee la pasión por él.

Besos!

Vivian dijo...

En primer lugar, plas, plas, plas, y más plases para ti, una entrada a la altura del genio y de su “Requiem”, por el que siento esa pasión que transmites en la entrada.

En más de una ocasión te he comentado acerca de nuestras casualidades, pero en esta ocasión la sorpresa ha sido mayúscula. Llevaba tiempo queriendo escribir una entrada sobre Mozart en mi “otro” blog, la obra escogida era el "Requiem", y el texto que le hubiera acompañado hubiera sido tan, tan igual a las palabras que tu escribiste en esta entrada, que leerte era como ir leyéndome a mí misma.
Como sabes, se me adelantó “La Flauta Mágica”, y ahora me alegro de que así haya sido, porque encontrar el "Requiem" en esta entrada que le dedicaste ha sido una alegría para mí, un lujazo de entrada y una gozada pasar hoy por aquí.

Un solemne abrazo de una enamorada de Mozart y desde este momento de esta entrada que le dedicaste.

fandestéphane dijo...

En primer lugar, plas, plas, plas y más plases para ti, Kine, y plas, plas, plas y más plases para ti, Vivian.
Para mí podéis seguir así, una élla y una tú, y una tú y una élla. La gozada es nuestra de poder ver y escuchar vuestras entradas.

Kine, permíteme añadir unos datos sobre el misterioso personaje. No es mi intención inmiscuirme en tu trabajo, pero creo que pueden ser de tu interés.

El misterioso emisario era el mayordomo del conde Franz von Walsegg-Stuppach, compositor aficionado que quería dedicar un Requiem a la memoria de su esposa y que no sintiéndose capaz de escribirlo, pensó encargarlo a Mozart para luego hacerlo pasar por suyo. De hecho, el Requiem quedó incompleto. Parece ser que Mozart sólo escribió el Introito y la Secuencia (Dies irae, Tuba mirum, Rex Tremendae, Recordare, Confutatis y el comienzo del Lacrimae). El resto -es decir, la mitad de la obra nada menos- fue completado más tarde por su discípulo Franz Xaver Sussmayr, casi siempre a partir de borradores del maestro.

Poco antes de morir, Mozart, escribió una carta a un amigo en la que mencionaba su preocupación.
"Mi cerebro transtornado. Mis ideas se oscurecen. Sólo con mucha dificultad puedo concentrarme. No puedo apartar de mi la imagen de aquel desconocido que me pide insistentemente que le entregue el trabajo... tengo que acabar mi Requiem. No lo puedo dejar incompleto."

Empezó la composición de esta obra en octubre de 1791, pero se encontraba enfermo e histérico, y hasta decía que le habían envenenado. Probablemente todo aumentaba su obsesión con respecto al Requiem.
Trató de terminar su trabajo, pero su estado se agravó. Murió el 5 de diciembre deñl mismo año.

Como os podéis imaginar, Vivian y Kine, yo no tenía ni idea de todo lo que os he expuesto. Es gracias a vosotros que me hacéis disfrutar desenpolvando libros y archivos, el motivo de mi comentario.
Mi padre estaría orgulloso de vosotros, pues habéis hecho posible en mí, lo que él nunca consiguió.

Te ruego Kine, que disculpes mi atrevimiento de involucrarme en tu entrada.

Besos para Viv, y abrazos para ti.

Dana Andrews dijo...

Divina sin duda. Lacrimosa es una belleza y me parece muy sensata la opinión de que sea su última comnposición. Recuerdo que tuve una profesora de música en el istituto que daba unas clases excepcionales. Yo me quedé atónito cuando nos contó la historia del Réquiem. Fue un genio pero murió demasiado pronto.

Keith dijo...

Hey there. This was so amazing. How are you today? I hope you've been enjoying the weekend. Take care. Have a great week ahead. Cheers!

Kinezoe dijo...

atikus:
La de Ingmar Bergman no la he visto; a ver si puedo conseguirla... La que más me gustó sigue siendo la de Milos Forman: "Amadeus".
Gracias por el comentario. Saludos.


Mul:
Muchas gracias por el comentario. Me alegra saber que mis palabras dejaron traslucir algo de la pasión que siento por este personaje y su música; esa era mi única intención. Gracias por tu visita.
Besos.


Vivian:
Muchas gracias por los «plases», me vais a hacer creer que lo hago bien... Jeje...
Sabes, Vivian, si te digo la verdad en principio mi idea era escribir algo sobre "La Flauta Mágica", pero te me adelantaste!! Y además me pasó algo muy similar a lo que tú nos cuentas ahora: que la coincidencia entre lo que uno escribe y el otro piensa es pasmosa... Tuve que buscar alternativas, y esta efeméride de Mozart me vino que ni pintada para recordar el "Réquiem" :-).
Abrazos, mientras permanecemos a la espera de una nueva coincidencia, o no... (alguna vez, y no tardando mucho, os sorprenderéis la mayoría...). Y muchas gracias de nuevo por el comentario; no merezco tantas loas.


fandestéphane:
Pues gracias, gracias y más gracias, fande, pero repito, no merezco tanta alabanza; es que vosotros me leéis con muy buenos ojos... ;-)
Ah, y no te inmiscuyes en absoluto, no te preocupes. Si yo puse algo de pasión, tú aportaste la información, los datos de que carecía mi entrada. Muchas gracias por tu esfuerzo al desempolvar los libros y plasmar aquí todos esos apuntes. Fue muy interesante conocer la identidad del extraño emisario que traía loco al pobre de Mozart.
Por cierto, es muy grande eso que dices de tu padre. Me dejas mudo, amigo. Fuerte abrazo!


Dana Andrews:
Quién sabe lo que nos habría legado de haber vivido veinte o treinta años más (con salud, por supuesto)... Un GENIO.
Muchas gracias por el comentario. Saludos.


Keith:
Hi, friend! I'm glad to meet you here. I'm having a great and cold day. Thanks for your visit and nice week too. Cheers!