miércoles, 28 de enero de 2009

Tres en Raya

Los que vivimos en ciudad tenemos el gran handicap de poseer un cielo bastante pobre en estrellas. El despilfarro energético, unido a la escasa legislación existente en materia de iluminación, hacen que la contaminación lumínica sea ya un mal endémico de los grandes núcleos urbanos.

A pesar de eso todavía es posible identificar algunas constelaciones en nuestros despoblados cielos nocturnos. Una de las más bellas de la bóveda celeste, que preside majestuosa las largas noches invernales en el hemisferio norte es Orión, con siete estrellas perfectamente identificables a simple vista (dos de ellas de primera magnitud: Betelgeuse y Rígel).




Sus cuatro estrellas principales dibujan un gran rectángulo en el cielo, con la vieja, fría y roja Betelgeuse (un hombro de Orión) y la blancoazulada Rígel (un tobillo), en vértices opuestos. Es curioso pero, siempre que alzo la vista a Betelgeuse, tengo la manía de recordar que lo que vemos en realidad es la luz que emitió este astro hace 450 años, es decir, mediaba el siglo XVI aquí en la Tierra cuando los fotones que hoy nos llegan emergían de su superficie. Increíble, ¿verdad? (1)

Aproximadamente en el centro, y algo inclinado con respecto al rectángulo anterior (apuntando al sur habría que decir), se encuentra el cinturón de este mítico cazador. Seguramente a más de uno le ha llamado la atención alguna vez esa curiosa formación de tres estrellas que aparecen perfectamente alineadas en el cielo de las frías noches invernales. Se trata de las Tres Marías, también conocidas como el Cinturón de Orión. Sus nombres: Alnitak, Alnilam y Mintaka.




Al sur de las Tres Marías y ligeramente hacia el este, podemos ver otras tres estrellas también alineadas, aunque mucho más juntas, débiles y casi en la perpendicular a las anteriores. La de en medio, que a vista de binoculares aparece como una mancha borrosa, es uno de los objetos más fascinantes del firmamento: la Gran Nebulosa de Orión (M42 en el catálogo de Messier). Situada a unos 1500 años-luz del Sistema Solar, es una de las factorías de estrellas más cercanas a nosotros. En la actualidad, ingentes masas de gas y polvo siguen comprimiéndose en sus entrañas para formar, fruto del colapso gravitatorio, nuevas generaciones de estrellas. Sus coloristas imágenes (2) inundan la Red.




Y para acabar, permítanme sugerirles un pequeño ejercicio: una vez que hayan identificado Betelgeuse con plena certeza (es muy fácil, no se preocupen), dirijan su mirada hacia la izquierda (lo correcto sería decir al este, pero no quiero liarles) y fíjense en las otras dos estrellas más brillantes que junto con la anteriormente citada forman un triángulo equilátero casi perfecto. ¿Lo tienen ya? Pues bien, les presento al célebre Triángulo del Invierno en cuyos vértices se sitúan: Betelgeuse (Orión), Proción (Can Menor) y Sirio (Can Mayor), esta última (por cierto, un sistema binario), la estrella más brillante del firmamento a tan sólo 8.6 años-luz de distancia.





Con estos breves apuntes acabo de describirles, a grandes rasgos, la primera constelación que fue capaz de identificar en el cielo un servidor hace ya unos cuantos años. Como han podido comprobar no se trata de una constelación cualquiera; su gran riqueza y variedad de objetos hacen de ella la constelación idónea para iniciarse en el campo de la observación astronómica. Además, como supongo veremos en sucesivas entradas, sirve de referencia básica para localizar otros objetos.

De momento, y como diría aquel famoso personaje de los Looney Tunes: ¡eso es todo amigos! Ya sólo les queda esperar a que llegue la noche, cruzar los dedos para que no esté nublado, y empezar a disfrutar con las vistas. ¡Ah!, y no se olviden de buscar las Tres en Raya. Recuerden que esa es la clave.

Por último, me gustaría despedirme dejándoles en compañía de una música ideal para la contemplación del Universo. Se trata del tema Memories of Green, de Vangelis. Una pieza que originariamente formaba parte del álbum See You Later, y que años más tarde sería incluida en la banda sonora original de la película Blade Runner. Una música que, además de calar bien hondo, consigue relajar cuerpo y mente. Disfrútenla.



Memories of Green (Vangelis, 1980)



Notas:

(1) Betelgeuse dista de nosotros 450 años-luz aproximadamente. Por tanto, la luz que emite esta estrella tarda 450 años en recorrer la distancia que nos separa de ella. Como dato curioso comentar que nuestro Sol, la estrella más cercana a nuestro planeta, se encuentra a tan sólo 8 minutos-luz de la Tierra. Como vemos, alzar la vista al cielo siempre fue la forma más simple y directa de realizar viajes a través del tiempo...

(2) Por supuesto en falso color, puesto que esta vista final se obtiene a partir de un análisis espectral como combinación de las imágenes obtenidas en el infrarrojo, el visible y el ultravioleta, después de haberle asignado un color distinto a cada filtrado.

sábado, 24 de enero de 2009

En una mota de polvo

Ahí es donde se encuentra la raza humana, condenada a vivir en una mota de polvo. El azar así lo quiso y en esa mota de polvo nos encontramos. Con nuestras alegrías y nuestras miserias. Insignificantes para el resto del Universo.

La desaparición instantánea del planeta Tierra no supondría más que una ligera perturbación en nuestro Sistema Solar. "Nadie" percibiría anomalías reseñables fuera de él. Sin embargo a veces nos seguimos creyendo, comenzado ya el tercer milenio, en el centro mismo del Universo.

¿Qué sentido tienen las guerras?, ¿y las fronteras?... Hacer particiones en una mota de polvo, ¿puede haber algo más ridículo? Sí, matar por ellas. ¿Y qué es eso de la patria?, ¿acaso alguien elige dónde nacer? Somos ciudadanos del mundo, esa la única patria que existe. Bueno, ésa, y aquella otra de la que nos hablaba Loquillo en su canción.

Hasta que el ser humano no se deje de despropósitos y banalidades no se producirá un nuevo salto en la escala evolutiva. Y aun así, seguiremos condenados a vivir en esta, nuestra mota de polvo.

Otro día os doy las claves sobre una futurible Conquista del Espacio (o cómo salir de nuestra mota de polvo).



Territorios Libres (Loquillo y Trogloditas, 2001)

lunes, 19 de enero de 2009

Esclavos de nuestro tiempo

Me estoy dando cuenta de que esto de escribir un blog se está convirtiendo en una de las formas más habituales que adopta la esclavitud en nuestros días. Y eso que, en mi caso, no me he prodigado con demasiada frecuencia. Basta con echar un rápido vistazo a nuestro alrededor para darnos cuenta de otros elementos que también nos tienen bastante "enganchados" actualmente: el teléfono móvil, el reproductor mp4, la cámara de fotos digital, el bolso-bandolera para los hombres, la manteca labial para las mujeres, las videoconsolas para todo el mundo (yo nunca tuve una, ¿me perdí algo?), los chicles sin azúcar, las pipas con sal, las barritas de muesli... ¿Estarán queriendo distraer nuestra atención de algo? ¿Qué misterioso plan estará siendo urdido?...

He aquí uno que se lo va a tomar con calma, como El Nota. Sirva de aviso pues, que si en las próximas semanas no aparece publicada ninguna otra entrada, no hay por qué alarmarse, no se acaba el mundo (ni el blog). Probablemente ande afanado en otros menesteres más gratificantes. No obstante, no borren el enlace. Prometo volver con alguna otra cosilla en no demasiado tiempo (quizá mañana mismo). Mientras tanto, les dejo con el siempre creciente kippel.

Cuídense, ya saben: no fumen, eviten la vida sedentaria, moderen el consumo de grasas, olvídense del "wild side" del que nos hablaba Lou Reed, etc. Y para que su existencia no les resulte demasiado monótona les recomiendo también que lean y acudan a los cines de vez en cuando (por supuesto, pidiendo la entrada por el título de la película, no por el número de sala donde la proyectan...). En definitiva, sean moderadamente felices. Nos vemos en el blog. Y cuidado con faltar que paso lista, ¿eh?


Walk on the Wild Side (Lou Reed, 1972)

miércoles, 14 de enero de 2009

Lo reconozco, soy un oldie



El cine clásico es mucho más agradecido que el cine actual. En la última década he visto muy pocas películas en pantalla grande que puedan considerarse a la altura de "Los Imperecederos". Muy de vez en cuando aparece algún trabajo que por un motivo u otro me llama la atención, léase: Gladiator, Mulholland Drive, El Señor de los Anillos, Kill Bill, Million Dollar Baby, Old Boy, Sin City... (a más de uno le habrá desconcertado esta variopinta selección), pero incluso en estos casos estamos hablando ya de algo muy distinto a lo que se hacía entonces. ¡Ojo!, digo distinto, que no peor, porque, dicho sea de paso, tampoco soy de los que afirman que cualquier tiempo pasado fue mejor. Cada producto tiene su lugar y su momento. Y no creo que sea muy acertado echar siempre la vista atrás con nostalgia; no es esa la mejor forma de disfrutar el momento presente.

En mi opinión, una buena película es aquella que puede ser vista una y otra vez y aun así no cansa. Está claro que la primera vez será siempre algo especial puesto que, para bien o para mal, es la que te deja la impronta más fuerte, y el momento en que decides si lo que has visto te gusta o no, pero, si la película es buena, el encanto continuará en sucesivas revisiones, siempre seremos capaces de descubrir algún detalle que pasamos por alto durante el primer visionado, probablemente nos volvamos a emocionar en las mismas escenas, y casi con toda seguridad seremos capaces de revivir nuevamente la historia con la curiosidad e ilusión del primer día. Es como si la estuviéramos descubriendo de nuevo.

Me parece que era Frank CapraThe Name above the Title─ quien afirmaba que toda película debe contener al menos tres o cuatro momentos destinados a permanecer en la memoria del espectador incluso cuando el argumento ha sido olvidado. Se puede olvidar todo menos esos momentos. Son aquellas escenas que, pasado el tiempo, "tirarán" de nosotros y nos harán volver a vivir nuevamente la experiencia de ponernos frente a la pantalla. Cuánta razón tenía este hombre... Hoy en día no se trabaja conforme a esa directriz básica. Sin ir más lejos, del remake que han estrenado hace poco de Ultimátum a la Tierra no recuerdo ya nada salvable; es, prácticamente, como si no la hubiera visto, ningún elemento dejó huella positiva en mí...

Sin embargo, ¿quién no se acuerda de aquel famoso travelling en que vemos a un eufórico George Bailey (James Stewart) recorriendo las calles nevadas de Bedford Falls después de haberse reconciliado con la vida en ¡Qué Bello es Vivir!?. Seguramente casi todos podemos recordar también más de una de las frases que salían por la boca de Humphrey Bogart en películas como Casablanca o El Sueño Eterno. ¿Es posible olvidar, después de haberlo visto, el desafiante monóculo de Charles Laughton en Testigo de Cargo o el "enanito en el estómago" de Edward G. Robinson en Perdición?. A Kirk Douglas haciendo de Espartaco, a Orson Welles interpretando a Charles Foster Kane en Ciudadano Kane, a Spencer Tracy y sus entusiastas discursos en La Herencia del Viento, al curioso grupo de personas que reunió en torno suyo John Wayne en la portentosa Río Bravo; Henry Fonda en Las Uvas de la Ira, Jack Lemmon y Tony Curtis en Con Faldas y a lo Loco... Y, ¿qué me dicen de los increíbles números musicales protagonizados por Fred Astaire y Ginger Rogers? Mentalmente íbamos siguiendo las coreografías y casi nos creíamos capaces de poder bailar como "El Maestro": eso se llama Magia. O lo que disfrutamos viendo el caos que iban sembrando a su paso los Hermanos Marx en aquellas alocadas comedias de los años 30. Sin olvidar la elegancia innata de la que hacía gala Cary Grant en todos sus trabajos, y, por supuesto, la belleza y el glamour que desprendían las actrices de antes: Marilyn Monroe, Audrey Hepburn, Lauren Bacall, Ava Gardner, Marlene Dietrich, Katharine Hepburn, Bette Davis, Elizabeth Taylor, Jean Simmons y un largo etcétera. Hoy en día la mayoría de las actrices que pululan por cartelera no son más que una extraña y llamativa combinación de tres elementos: culos realzados, tetas siliconadas y labios hialurónicos. Las curvas artificiales acabaron con el glamour o, mejor dicho, con el encanto (para qué usar un extranjerismo cuando existe el equivalente en castellano). Cambiaron tantas cosas...

Y no es que todo el cine que se hacía antes fuera bueno y el que se hace ahora sea malo. También se hacían auténticos "pestiños" en los años 40. Sin embargo, el número de obras maestras que aparecía anualmente en aquella época era infinitamente superior al que podemos encontrarnos en el cine actual. Tal vez fue una época propicia, La Edad Dorada del Cine... TALENTO es la palabra clave, justo lo que escasea hoy en día en la cartelera.



domingo, 11 de enero de 2009

No sé por qué

¿Que por qué me gusta tan poco el sobrinito de Coppola? Tal vez por ese gesto doblado que muestra en todas y cada una de sus películas, o por la extraña forma en que ríe, ojos entrecerrados, boca ligeramente oblicua; no se puede estar más feo. Ya sé que esto sobrepasa lo estrictamente cinematográfico, pero esa cara de palo... no puedo con ella.


Aunque a lo mejor es porque le ha aguantado al tío el pelo más tiempo que a mí... No, no creo que sea por eso; con injertos no vale. Sinceramente no sé por qué le tengo tanta tirria a Nicolas Cage, pero la cuestión es que no me gusta cómo (sobre)actúa y, aunque lo hiciera bien, creo que seguiría sin gustarme; es una de esas personas que te dejan mal cuerpo cuando las ves sin saber muy bien por qué. Algo parecido me sucede con Steven Seagal y Chuck 'Parada' Norris (estos sí que andan ya cortos en el plano interpretativo). Se me acaba de ocurrir una terrible maldad: Steven Seagal, Chuck Norris y Nicolas Cage compartiendo cartel codo con codo. Creo que no habría peor tortura que la de ver juntos a estos tres leños en una misma película. ¿Quién se atrevería a dirigirlos?


En fin, resumiendo, que no, que no lo soporto. Me parece que las dos últimas películas de este hombre que logré ver hasta el final fueron "Arizona Baby" y "Corazón Salvaje" y, probablemente, porque los apellidos Coen y Lynch me proporcionaron la confianza, el valor y la entereza necesarios para aguantar estoicamente el tirón. Junto con Sean Penn y el Robert De Niro de la última década, quizá el trío más sobreactuado del panorama cinematográfico actual.




Qué sonrisa Dios mío, qué sonrisa...